10 enero 2012

Educadores sociales y... ¿políticos?

Me gustaría abrir un espacio de reflexión entorno a una noticia que leí recientemente en la red social Twitter. Unos educadores sociales se disponían a visitar las zonas más rurales de Galicia bajo el lema: "Votar al PP no es obligatorio". Por lo que entendí, el objetivo era hacer llegar el mensaje que otras opciones políticas son posibles y pueden contribuir al bienestar social. 

En un primer momento sonreí ante la propuesta pero después me paré a pensar entre la vinculación entre política y educación social surgiendo algunas dudas: ¿Qué papel jugamos los educadores sociales en el plano político? ¿"Debemos" ser de una tendencia concreta para que nuestra labor sea coherente? ¿Es lícito y/o ético que los agentes sociales hagamos apología de un determinado partido político? ¿Entra dentro de nuestras funciones potenciar a una o otra vertiente? ¿Cómo se podría congeniar los dos aspectos? ¿Son complementarios, opuestos, afines?

Siempre he creído que los profesionales del ámbito social debemos potenciar la capacidad crítica de nuestros educandos, generar procesos de crítica y autocrítica ante la realidad que les rodea, luchar por conseguir ciudadanos con capacidad de decisión. Eso implica imparcialidad, respeto por todas las opiniones, tolerancia hacia formas de pensar distintas a las nuestras... Entonces, ¿el mundo de la política nos es totalmente ajeno? ¿Nos tenemos que mantener al margen de las políticas que nos afectan directamente? ¿Qué papel jugamos en el entramado? ¿Qué margen de subjetividad nos está permitido? ¿Qué nivel de implicación política sería el adecuado para no inteferir en nuestras funciones como agentes sociales?

Un artículo de Ramón López Martín, de la Universidad de Valencia, nos aporta más datos:  Cultura  Política  y  Educación  Social.  Dos  realidades condenadas  a  entenderse

Como véis, es un tema que entremezcla ética, política, profesión, subjetividad, imparcialidad... ¡Espero vuestras aportaciones!

26 noviembre 2011

Y el ámbito penitenciario resucitó...

El pasado 24 de noviembre, en el Centro Penitenciario de Quatre Camins (Barcelona), se vivió una manifestación de los/as trabajadores/as en contra de los recortes que, una vez más, quiere el Gobierno catalán que suframos. Fue un acto pacífico, sin incidentes ni enfrentamientos con los Mossos d'Esquadra pero causó un fuerte impacto en el colectivo. Tan fácil como cortar el acceso al centro con coches para que se produjera un efecto dominó en la autopista AP7, comarcales C-33, C-60 y polígonos industriales cercanos. En pocos minutos el colapso era generalizado ante el asombro de los propios trabajadores que, sin conocimiento de lo que pasaba, se dirigían a iniciar su jornada laboral.

"Presons en lluita"/"Prisiones en lucha"
El hecho es remarcable por la repercusión mediática que causó (Cadena SER, rotativos como La Vanguardia, El País, El Periódico, La Nación... televisiones como TV3, 324, La Sexta, Antena 3...). Pero mucho más por el efecto emocional que causó en los propios trabajadores; hasta el momento vivíamos en un estado de shock, como muy bien define Josep Maria Solé en el post  y estábamos inmersos en la conformidad y en el desasosiego apático de quien piensa que nada se puede hacer.

Con la movilización del jueves, el colectivo ha resucitado, se siente vivo, es consciente del poder de la unión y la necesidad de defender nuestros derechos. No se trata sólo de dinero sino de condiciones laborales, de trato degradante por parte de la Administración, de una total falta de consideración por nuestra labor que, en última instancia, afecta a nuestros usuarios. Es evidente que a los dirigentes de este país esto último no les importa pero a nosotros sí: ¡queremos y debemos hacer un trabajo de calidad!

Si una cosa debemos tener clara es que nadie hará nada por nosotros sinó que debe ser uno mismo quien luche por sus ideales, por sus creencias, por su dignidad. El tiempo de la lamentación, del conformismo, de la pena contenida y la queja por la queja finalizó. Ahora queda coger las riendas de nuestro presente para asegurarnos un óptimo futuro.


22 noviembre 2011

Y los servicios sociales ¿dónde quedan?

Acabamos de vivir lo que se suele llamar "la fiesta de la democracia", donde se supone que los y las ciudadanos/as de este país decidimos quién nos va a gobernar en los próximos cuatro años. De forma discreta cada formación publica su programa donde exponen sus "apuestas", sus temas de interés, sus promesas y sus prioridades.

Y yo me pregunto: ¿dónde quedan los servicios sociales? ¿Dónde se habla de los más desfavorecidos, de los indefensos, de los necesitados? No sólo se trata de las familias deshauciadas sino de todos aquellos que viven en centros de acogida (menores, mujeres maltratadas), asilos, centros de salut mental, centros residenciales, hospitales, centros de refugiados y un largo etcétera. ¿En qué capítulo de los programas electorales se les hace mención? No se trata de personas a las que haya afectado especialmente la crisis ya que su problemática va más allá de un sueldo y/o ayuda económica.

¿Cuántos de estos políticos han hecho referencia a los miles de trabajadores que dan apoyo y acompañamiento a este segmento de la población? ¿Cuáles de ellos han destacado la labor social que llevan a cabo educadores/as, doctores/as, psicólogos/as, cuidadores/as, trabajadores/as sociales, mediadores y otros agentes?

Hacen muy bien eso de pasearse por algún hospital (sobre todo la planta de pediatría) dando besos y "reconfortando" a los que allí viven pero ¿qué sucede después de la campaña? ¿Cuántas veces visitan un centro penitenciario, un centro de salut mental o un centro de acogida para saber lo que allí sucede? ¿No pensarán que somos "ciudadanos de segunda", verdad? 

Quiero pensar que algún día nos gobernarán políticos cuyo verdadero trabajo sea dar sentido a la vocación de servicio. De momento, sólo veo esfuerzos destinados a satisfacer sus propios intereses.


25 septiembre 2011

Cuando la formación es...¿innecesaria?

Recientemente escuché a un compañero que afirmaba, con una rotundidad aplastante, que con el tiempo que hacía que trabajaba como educador social, la formación ya estaba de más. Consideraba que ya no le podrían enseñar nada más utilizando la famosa frase de "está todo inventado". Lo más chocante fue ver que algunos colegas afirmaban con la cabeza, mostrando su conformidad. 

¿Realmente llegado a un punto "A", la formación está de más? Como profesionales de la educación ¿podemos defender esta postura? ¿No se supone que miramos de convencer a nuestros educandos para que se reciclen y así se adapten a las nuevas demandas laborales? En caso que esa declaración de principios fuese cierta, ¿cuándo podemos decir que hemos llegado a ese punto "A"? ¿Hay alguna señal que nos indique ya que tenemos la "batería cargada de conocimientos"?

Desde mi punto de vista, un profesional del ámbito social no puede renunciar nunca al reciclaje continuo, ya que somos agentes sociales que contínuamente debemos adaptarnos a nuestro entorno, una sociedad líquida cambiante a ritmos vertiginosos. ¿Podemos afirmar que los conocimientos aprendidos hace unos años siguen vigentes al 100%, sin modificaciones ni cambios?

Yo, como mínimo, necesito reciclarme, aprender, incorporar herramientas para hacer mi trabajo lo mejor posible.

04 septiembre 2011

La vuelta al "cole" con... sorpresas

Los últimos días nos hemos despertado con noticias preocupantes. Entre ellas el recorte en sanidad y educación... y cómo no, en servicios sociales.

Está claro que las políticas sociales no son prioridad en un momento de importante crisis económica, como si apostar por estos ámbitos fuesen pérdidas económicas y no inversiones. ¿Han valorado los enormes déficits en estado de bienestar a corto plazo y las consecuencias a medio y largo término? ¿Se han parado a pensar que amplios sectores de la población se verán afectados por estos recortes y eso implica empeñar el futuro de jóvenes generaciones?

Por otro lado tenemos la implementación de una nueva normativa en cuestión de extranjería. Otra "apuesta" por el recorte económico a costa de los más desfavorecidos. Además, en el ámbito penitenciario sufriremos de forma especial esta legislación ya que el número de immigrantes es elevado en nuestros centros; ¿han tenido en cuenta que aquellos/as internos/as que vuelvan a sus países (de forma voluntaria o forzosa) deberán estar en los centros hasta una determinada fecha (2/3 o 3/4 partes de la condemna) antes de retornar sin ninguna perspectiva de salida o beneficio? ¿Qué ambiente se respirará en los módulos con un número elevado de internos/as que no tengan nada que perder hagan lo que hagan?

¿Exponemos una consecuecia ya evidente y constatable? El número de internos/as que no han retornado al centro en un permiso de salida. Sabiendo que tarde o temprano sus salidas se verán cortadas y la expulsión será efectiva... ¿para qué volver y cumplir condena? Claro que supongo que eso nadie supo preveerlo.

Es evidente que nuestro trabajo nunca es fácil pero determinadas decisiones, políticas y legislaciones, hacen que se agraven los problemas. ¿Es tan complicado contar con los agentes sociales que estamos al pie del cañón para minimizar los efectos nocivos de estas políticas? ¿Es tan difícil preguntar y valorar las consecuencias que estas decisiones acarrean?

De momento, está siendo peor el remedio que la enfermedad... ojalá el tiempo me quite la razón.