23 marzo 2013

El doble desamparo de los menores de la DGAIA

Entrada elaborada por Defensem l’Acció Social i Comunitária (DASC), un espacio de debate, de reflexión y de defensa del sector social: de sus trabajadores y trabajadoras, de los estudiantes, del voluntariado y de sus usuarios y beneficiarios. Nuestro objetivo es reivindicar y luchar por toda la faena hecha y toda la que es necesaria hacer para evitar la exclusión social, la injusticia, La acumulación de poder y la pobreza. http://defensemacciocomunitaria.wordpress 


Según la Dirección General de Atención a la Infancia (DGAIA), un CRAE es un “servicio de acogida residencial, para la guarda y educación de sus usuarios y usuariasdonde residen temporalmente con la medida administrativa de acogida simple en institución”. Es decir, los CRAEs son centros donde viven niños y niñas cuya tutela ha sido asumida por la administración debido a que en su núcleo familiar existía un riesgo para ellos/as o no se cubrían sus necesidades básicas. Una vez acogidos, ¿cuáles son las condiciones de vida de estos/as niños/as? 

En primer lugar habría que destacar que, aunque debieran, las condiciones de vida de los menores tutelados no son siempre las mismas. En el momento en que la administración asume la tutela, ese/a niño/a es derivado a un CRAE determinado, y las notables diferencias entre unos centros y otros, y en consecuencia en la calidad de la atención a ese/a niño/a, marcarán sus condiciones de vida mientras dure su internamiento. Esta especie de “lotería” que decide los medios de que dispondrán en su vida cotidiana se aprecia con claridad en la diferencia de recursos existentes entre los centros propios (de gestión pública) y los concertados y de gestión delegada (aquellos cuyas instalaciones son propiedad de la Generalitat pero la gestión ha sido subcontratada a una empresa externa). Los primeros disponen de muchos más recursos económicos, lo que se traduce en plantillas más amplias, sobre todo en el personal de servicios (cocina, chóferes, limpieza, lavandería…) y en que las bajas laborales se cubren con rapidez. La atención a los niños y niñas es por tanto más constante y de mayor calidad. Existe una notable diferencia además en la disponibilidad de actividades extraescolares y de ocio, en la seguridad en el transporte, garantizada e incluso en la calidad de la comida y la ropa que visten. 

El actual contexto de crisis ha agravado estas diferencias. Cada centro concertado tiene un montante anual asignado (módulos) que DGAIA paga para que ese centro (y los niños/as que en él viven) cubra todas sus necesidades. Ese dinero viene determinado por el acuerdo de gestión (concurso) de cada empresa con DGAIA tras un proceso público de selección. En los últimos años los criterios de selección han ido modificándose hasta quedar reducidos casi a uno solo: el económico. Utilizar criterios esencialmente económicos para valorar la idoneidad de una empresa u otra es obsceno. 

Desde el colectivo DASC criticamos que el Govern de la Generalitat tenga un sistema de protección nde menores que actualmente prioriza sin escrúpulos el ahorro económico (según dicen sus dirigentes: “la eficacia del gasto”), y que está permitiendo que algunas entidades o fundaciones en teoría sin ánimo de lucro, las cuales ha delegado la gestión de algunos CRAEs, sigan obteniendo beneficios económicos a costa de reducir gastos en la atención directa de los niños y niñas tutelados/as o de rebajar los derechos laborales de los/las profesionales que tienen que educarlos/as. 

Este empeoramiento de las condiciones laborales de los/las trabajadores/as afecta negativamente a los menores al dificultar una estabilidad en las plantillas necesaria para la realización de una labor educativa continuada en el tiempo. Las precarias condiciones laborales y los horarios difícilmente compatibles con la vida personal, hacen que los/las educadores/as cambien de trabajo con una frecuencia mayor de lo habitual en otras profesiones. Esto supone que un/a niño/a, a lo largo de su estancia en un CRAE, vea pasar a varios/as tutores/as, con el consiguiente sentimiento de abandono y el aumento de la dificultad de generar la vinculación afectiva necesaria tanto para su educación como para su salud emocional. 

En conclusión: 
Tenemos un sistema de protección de menores, dirigido por la DGAIA, totalmente mercantilista (números vs. personas) e insensible, que prioriza el interés superior del pago de una deuda ilegítima para la ciudadanía sobre el interés superior del niño. 

Por todo lo expuesto anteriormente, desde el colectivo DASC pedimos que la DGAIA cumpla con su responsabilidad legal como tutora de estos menores y priorice “el interés superior del niño”, como bien justifican sus técnicos, cuando hacen una propuesta de retirada de la tutela a una familia. 

Para ello: 
La primera medida que debe adoptar el Departament de Benestar i Familia y DGAIA es asumir la “Resolución del Síndic sobre los impagos de la Generalitat a los Centros Concertados de acogida de niños”. Una vez cumpla con el pago del mes de julio que aún tiene pendiente de abonar a las entidades concertadas, ha de pasar a ejercer un control sobre éstas para comprobar el gasto real que invierten en la atención directa a los menores (alimentaciónropaactividades extraescolares y de ociosuministros, etc.). Paralelamente ha de instaurarse un sistema de gestión transparente sobre ese dinero que la administración les paga, para dejar constancia de que la mayor parte del cobro que reciben no se desvía a otras partidas. 

Además, consideramos que si la DGAIA sigue olvidándose de los menores bajo su responsabilidad y priorizando el ahorro económico, aplica una doble moral y a estos menores doblemente desamparados, por su familia biológica y la administración, solo se les ofrecerá caridad y una atención asistencial carente de todo proyecto educativo y lo que es más grave, de futuro.

El artículo completo se puede leer aquí

03 marzo 2013

Simplemente una experiencia en prisión


Aquí os presento la experiencia de un educador social vinculado a una entidad externa que realiza su labor en prisiones de Alicante. 

En 2006 entré por primera vez a un Centro Penitenciario como miembro de la ONG Proyecto Hombre Alicante y desde entonces estoy vinculado a los centros penitenciario Alicante I ( Fontcalent) y II ( Villena) . Entré con mucha ilusión pero también con muchas ideas preconcebidas tanto de los internos, los funcionarios, la institución en general y que con el tiempo he cambiado. La experiencia me ha demostrado que al igual que pasa en cualquier institución, las cosas funcionan o no dependiendo de las personas que estén en ese momento. Por una parte veo que falta personal y recursos para que la prisión tenga el  sentido reeducador y rehabilitador que se suponen que tienen las penas privativas de libertad y por otro uno puede aprobar una oposición pero no se aprueba la vocación: o se tiene o no se tiene. 

En estos años he tenido la oportunidad de trabajar con funcionarios, psicólogos, trabajadores sociales y educadores vocacionados y profesionales que dentro de sus posibilidades intentan hacer un buen trabajo. También, en menor medida, he encontrado personas que no creen en la reeducación y la reinserción sino en mantener la prisión como un “almacén de personas” que tienen que mantener alejadas del resto de la sociedad para que no molesten y lo que quieren es tener un turno tranquilo e irse a casa.

Respecto a los internos/as la experiencia ha sido diversa, tenemos personas que reconocen haberse equivocado y “pasan por la prisión”, es decir, están apuntadas a todas las actividades posibles, no se meten en problemas y buscan salir lo antes posible. Otras personas “viven la prisión”, hacen de la cárcel  su medio seguro de vida, se saben mover bien, están relativamente cómodos, carecen de habilidades sociales y recursos para moverse en un medio abierto y acaban siendo personas institucionalidas que saldrán de prisión ingresarán en alguna casa de acogida, comunidad terapéutica o volverá a su entorno. Pero sin haber realizado un trabajo efectivo de cambio personal tienen muchas posibilidades de volver a entrar en prisión. Reconozco que no sólo hay personas que “pasan” o “viven” la prisión pero con la mayoría que he trabajado tendían hacia una de las dos posturas.

Mi intervención en prisión se centra en motivar a los internos/as  a que piensen en cómo toman las decisiones, que vean a través de qué valores rigen sus vidas, cómo es su resolución de conflictos, cómo gestionan su vida y el papel que el consumo de alcohol y drogas hace que sus vidas, ya complejas, se compliquen todavía más. Esto lo llevo a cabo a través de talleres, seminarios, grupos de autoayuda, entrevistas personales y muchos kilómetros de patio y partidas de parchís. Es una labor muy satisfactoria que no se puede medir por éxitos o fracasos, ya que estos son pasajeros y aparecen y desaparecen a lo largo de la vida. 

Cualquier tiempo y euros dedicado a estas personas es una inversión en ayudar a cambiar de vida y cómo tal tendrían que ser reconocido por la sociedad y los gobiernos de turno porque la educación a largo plazo es mucho más barata y eficaz que seguir construyendo y manteniendo cárceles.   

Jaume 
jaumeb-g@hotmail.com
Educador Social col.0984



09 febrero 2013

La crisis en los centros penitenciarios

Todos somos conscientes que la crisis ha calado en todas las capas de la sociedad, sobre todo en aquellas más desfavorecidas. Pero hay ocasiones que ciertas medidas conllevan consecuencias que quizás nos pasan desapercibidas por aparecer a medio o largo plazo y en áreas sociales poco conocidas.

En concreto hablo de la reducción de las prestaciones económicas de los trabajadores del ámbito penitenciario al cogerse bajas por enfermedad. Este hecho, que parecedería que sólo afectase a dichos profesionales, tiene mayores consecuencias. Actualmente, y mirando que el sueldo a fin de mes no se vea mermado, muchos de los compañeros asisten a su lugar de trabajo con síntomas evidentes de gripe, por poner un ejemplo cotidiano. No pueden rendir como quisieran pero siguen relacionándose con los internos, individuos que en muchas ocasiones tienen el sistema inmunológico reducido y que pueden desarrollar un cuadro médico complejo. Este hecho no se ha tenido en cuenta, seguramente porque a los que recortan, poco les importan las personas a las que acompañamos día tras día.

Otro recorte que afecta nuestro ámbito es la reducción en la cantidad y calidad de la comida que se da a los internos. En las últimas semanas estamos detectando en muchos de ellos una pérdida evidente de peso, hecho que sumado a las condiciones físicas que presentan, no hace presagiar nada bueno. Si sumamos a esto lotes de higiene personal escasos, nos encontramos con un problema de salud mucho más complejo. ¿Quién diría que en pleno siglo XXI, en Europa, aparecerían brotes de sarna? Pues en alguno de nuestros centros ha sucedido. ¿Quién podría pensar que enfermedades controladas como la tuberculosis, aún tienen su espacio en nuestro ámbito?

No se trata de recortes banales; no sólo vemos que el presupuesto para cubrir desperfectos o dotar de materiales es cero sino que en el día a día, las condiciones en las que miles de personas viven empeoran. No pretendo victimizar a personas que han cometido delitos, siendo consciente que actualmente mucha gente está pasando situaciones extremas, pero estos individuos también forman parte de nuestra sociedad y cada vez más se ven abocados a seguir con la vida delictiva si no se ponen medios que lo remedien. 

Más: se han reducido las partidas presupuestarias médicas que afectan a personas con VIH, Hepatitis... etc. Los recursos sociales externos que daban apoyo a estas personas en la calle se han reducido drásticamente hasta el punto de no tener entidades concertadas; los medios que tenemos a nuestro alcance para reducir la reincidencia se ha quedado en la buena voluntad de los profesionales, personas que cada día miran de automotivarse pero que no obtienen, por parte de la jerarquía, más que tareas nuevas, procedimientos caducos y nulo refuerzo.

Y como apunta una de mis compañeras en los comentarios, las salidas programadas (es decir, aquellas en que los internos empiezan a tener contacto con el mundo externo acompañados de profesionales) se tienen que realizar andando ya que no existe presupuesto ni para billetes de metro, tren y mucho menos gasolina. ¿En qué condiciones saldrán aquellos que pasen 8, 10 o 15 años sin pisar la calle? ¿Qué índice de comisión de nuevos delitos, nuevas víctimas y más gasto judicial conllevará todo esto?

¿Alguien ha previsto a medio plazo, las consecuencias que tendrán estos "ajustes"? ¿Alguien ha previsto que la incidencia de los delitos contra la propiedad (robos, algunos con fuerza e intimidación, robos en casas habitadas) y delitos contra la sanidad pública (tráfico de drogas) aumentarán? ¿Alguien será capaz de asumir esta responsabilidad? Es evidente que los que trabajamos en este ámbito somos conscientes de todo ello pero a pesar de las quejas, las reclamaciones y los recursos presentados, la realidad se resiste a cambiar.


11 noviembre 2012

La prisión permanente revisable

Con el alud de noticias sobre deshaucios, crisis económica, posibles independencias, elecciones americanas y corrupción, una noticia ha pasado casi casi desapercibida en los diferentes medios de comunicación. Hablo de la prisión permanente revisable, una medida que pone en jaque al sistema penitenciario y que afecta, aunque de diferente forma, a los agentes sociales del ámbito de la justicia. Nos recuerda mucho, pero mucho, a la cadena perpetua estadounidense pero aquí la nomenclatura varía y parece que sea otra cosa...

Esta medida es un paso más en el que ya es el Código Penal más duro de la democracia en uno de los países con mayor población reclusa. Está previsto que se aplique aproximadamente en el plazo de un año pero... ¿Está el sistema penitenciario preparado para tener a una persona el resto de su vida? ¿Se trata de una medida populista "que responde a un clamor popular" más que una medida eficaz? ¿Qué opinan los expertos en el tema? Algunos, aunque sea desde la realidad de México, afirman que creen en la readaptación pero no en la cárcel. Eso implica que quizás la prisión no es LA solución a todo ni debería ser la primera medida a aplicar. ¿Se ha consultado con expertos criminólogos?

Bien es cierto que se prevé que si el preso demuestra estar reinsertado, puede ser excarcelado a partir de un cierto momento. Ese momento aún está por decidir, pero el plazo mínimo de permanencia en prisión (antes del cual no se podrá revisar la condena) estará “entre los 25 y los 35 años”, dependiendo del tipo de delito y de si es uno o varios cometidos conjuntamente. ¿En qué condiciones saldrá una persona después de 30 años  de prisión? ¿Hemos tenido en cuenta que ese individuo habrá perdido todo contacto con la sociedad? ¿Se ha pensado en lo que la rabia, impotencia, soledad puede generar en un individuo cuando sea puesto en libertad? ¿No será peor el remedio que la enfermedad?

Por otro lado, ¿cómo sabemos si el preso está reinsertado? ¿Quién lo determinará? ¿Qué elementos tendremos para valorarlo? Creo que estos aspectos aún quedan en el aire, aunque Ruiz-Gallardón apuntó a que sería el tribunal sentenciador quien decidiría. Él mismo ha ido modificando la tipología delictiva susceptible de recibir este tipo de castigo (porque no se le puede llamar de otra manera); en un principio se hablaba de terrorismo, después se amplió a casos de homicidio, genocidio... etc pero poco después también habló de asesinato con agravante. Poco a poco, los posibles casos donde podrían ser aplicados la prisión permanente revisable han ido aumentando y sospecho que de aquí a un año serán algunos más los afectados.

Otro aspecto que me preocupa, especialmente como educadora social, es el tipo de tratamiento que deberán seguir en prisión. ¿Qué motivación tendrá una persona privada de libertad a sabiendas que su caso no se revisará en 25 años? ¿Qué tipo de seguimiento educativo se puede llevar a cabo en estas circunstancias? Parece que hay opciones a que se revise de oficio cada dos o a petición del reo, pero, una vez más, este aspecto está pendiente de determinar.

Y si hablamos de coste económico, pensemos en lo que la sociedad debe aportar al sistema penitenciario con este tipo de medidas: será necesaria la creación de nuevos centros penitenciarios o módulos especiales para ubicar a estos internos y mantenerlos durante todos estos años (comida, servicio médico, funcionarios de vigilancia, personal de tratamiento, servicios...). ¿No sería mejor destinar ese dinero a medidas preventivas, de mediación y recursos alternativos para los delitos menores, que son la mayoría de los que están cumpliendo condena? ¿No sería más efectivo ofrecer opciones más terapéuticas al mayor sector poblacional reclusa?

Por las cuestiones hasta ahora planteadas, llego a la conclusión que, efectivamente, nos encontramos frente a una medida populista, nada reflexionada y poco consensuada con expertos en criminología, que podrían ofrecernos un punto de vista más amplio y objetivo sobre la materia.

30 julio 2012

"No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio" Albert Camus

Desde hace algunas semanas voy leyendo algunas noticias (cada vez menos breves, esporádicas y puntuales) entorno al fenómeno del suicidio. Algunas noticias ahondan en el mero espectáculo, como el de aquella persona que primero mata para después quitarse la vida. Muchos estudios se hacen eco de este fenómeno (los más recientes del 2007) pero pocos medios de comunicación explican los casos y se sensibilizan con el tema. Uno de los últimos que se ha conocido es el de Marián, una celadora que se tiró de la 9ª planta del hospital donde trabajaba, tras recibir una alta médica forzosa. Otro más mediático ha sido el de la exconcejala Amaia Egaña, que se tiró de un cuarto piso cuando iba a ser deshauciada. De estos casos, desgraciadamente, han aparecido muchos en los medios de comunicación.

¿Somos conscientes que, debido a la crisis, los índices de suicidio han aumentado exponencialmente? Bien es cierto que la correlación entre ambos factores no está demostrada estadísticamente, como nos informa el Blog de Raskólnikov pero es evidente que la cifra ha aumentado en los últimos meses de forma preocupante. Uno que se ha elaborado sobre la población reclusa estadounidense también señala este aspecto. Otras noticias procedentes de Grecia nos indica que ha aumentado un 37% los suicidios desde el inicio de la crisis y aquí en España ya se empieza a detectar esa correlación.

En la actualidad, ésta es la primera causa externa de defunción en España. ¿Qué papel debemos jugar los agentes sociales respecto a este tema? ¿Sabemos cómo actuar frente a personas que expresan ese deseo? ¿Tenemos las herramientas necesarias para darnos cuenta de las señales que muestran un peligro a corto o medio plazo? ¿Es lo mismo si hablamos de adolescentes que de adultos? ¿Y de hombres y mujeres? Personalmente tengo muy poca información al respecto (por no hablar de la nula formación recibida) y es difícil encontrar mensajes claros sobre el tema en la red. Uno de los más completos es el elaborado por la Junta de Andalucía. Otros materiales proceden de EEUU, siendo a veces difícil la extrapolación a otras realidades.

Se han tenido que disparar mucho las cifras para que el Congreso finalmente, el 6 de noviembre, plantee la la prevención de los suicidios como una tarea urgente. ¿Se concretarán en acciones reales o será un papel más que coja polvo en una estantería? ¿Hay una conciencia clara de las implicaciones de este fenómeno? ¿Se podrá abordar eficazmente esta tendencia al alza cuando hay un pacto de silencio alrededor del suicidio? Algunos profesionales que trabajan directamente con estos casos afirman que "la sociedad busca referencias en forma de personas, de planes y de líderes que sepan salir de esta situación y no los encuentran" (Doctor José Antonio Lozano @Dr_JoseA_Lozano), otros afirman que "el suicidio no es cuestión de valentía o cobardía, es cuestión de desesperación"; otros lo abordan desde el campo de la psiquiatría, mediante lo que se conoce como "autopsia psicológica" y otros destacan estudios donde se determina que los adultos con trastorno mental grave, victimas de abuso sexual infantil, presentan el doble de tentativas. En este sentido, la detección precoz ayuda a reducir los intentos de suicidio en pacientes con psicosisTambién se baraja la influencia de presiones como el bullying, anorexia, desestructuración familiar o ciberbullying.


Ciertamente se detecta un aumento de estudios que inciden en el suicidio desde diferentes puntos de vista, como el que relaciona inmigración y tendencias suicidas en jóvenes, suicidio e internet o el efecto imitación. También se empiezan a tener en cuenta las diferencias culturales, como en China, donde las campesinas se suicidan 3 veces más que las que viven en las ciudades por la inexistencia de redes de asistencia social. En este país, un 50% de los suicidios se comete después de dos horas de consideración y otro 37% tras unos minutos. Y si comparamos su realidad con la nuestra, vemos que en China sólo el 63% de los suicidas sufre enfermedades mentales, mientras que en Occidente la cifra se eleva al 90%. Allí precisamente se han dado cuenta del problema que representa las elevadas cifras de suicidios y por eso proyectan un plan nacional para evitar 50.000 suicidios al año.

Un ejemplo de cómo se pueden incentivar valores que favorecen conductas suicidas en adolescentes se puede apreciar en este vídeo de Informe Semanal. Las cifras hablan por sí mismas...




Y no sólo se habla de suicidio en reportajes de investigación sino que se ha llegado a convertir en el argumento de una novela que indaga en el suicidio como la enfermedad más común del futuro.

Eso me lleva a preguntarme... ¿cómo gestionamos el componente ético del suicidio? Me refiero a nuestra actitud frente a una persona que voluntariamente decide quitarse la vida y que, para ella, tiene motivos más que suficientes. ¿Cómo nos posicionamos? ¿Qué podemos aportarle para que tome la decisión final? ¿Qué sucede después de evitarlo? (si es que lo conseguimos) ¿Lo mejor es que desista de su intención? ¿A qué precio? 

Queridos lectores, la polémica está servida...

P.D: en el listado de comentarios aparecen noticias y enlaces de interés relacionados con el tema. Son artículos y reflexiones recientes aparecidos en redes sociales como Twitter... El visibilizar esta realidad es el primer paso para trabajar en ella.