Esta pregunta nos la hicimos ayer mismo los compañeros que compartimos despacho en el centro donde trabajo. Después de unos meses en que los mandos intermedios habían cambiado, llegó la hora de hacer cierto balance... siendo éste de bastante decepción.

Bueno, para ser del todo sinceros, a algunos no les ves realizando ningún tipo de tarea ya que están dando conferencias por lo alto y ancho de la península, elaborando un doctorado, presentando tal o cual proyecto... todo menos llevar cabo lo que se les ha asignado. Y mientras tanto, la infantería se deja la piel en el campo de batalla, teniéndose que oír, además, que no se es del todo productivo, que se deben realizar más evaluaciones de calidad, que los informes no son todo lo completos que deberían, que hay cierta "dejadez"...
Eso sí: compartiendo impresiones con el resto de compañeros y compañeras, te das cuenta que aquellos que llegan a esos cargos (sin que detrás haya mérito profesional alguno) tienen características similares. En el caso que estoy viviendo los podría resumir en:
- Vocabulario técnico y vacío de contenido con frases largas que sólo pretenden cansar al interlocutor. Un contenido que se podría expresar en 3 frases con una duración máxima de 2 minutos se acaba convirtiendo en una disertación pseudo-filosófica y pseudo-política de página y media y 20 minutos de monólogo.
- Enorme capacidad de ocultación cuando se les necesita, sobre todo cuando se les pide que tomen decisiones. Estoy convencida que ni el mejor GPS sería capaz de localizarlos.
- Necesidad imperiosa de quedar bien. Lo que vulgarmente se conoce como "saber nadar y guardar la ropa". Sus discursos y sus poses están especialmente orientados a ofrecer la mejor imagen de sí mismos... aunque acaben fracasando estrepitosamente sin que ellos se den cuenta.
- Capacidad para aparecer en todos los eventos, reuniones, congresos, conferencias y cursos posibles al más puro estilo Jesucristo. Hay quien piensa que tienen unos dobles que facilitan esa tarea.
- Una cualidad que no siempre está bien valorada: ser capaz de despertar rabia, odio, impotencia, extrañeza, cabreo o indiferencia (en el mejor de los casos) a todos sus subordinados. Eso favorece la unión entre estos últimos, facilitando el trabajo en equipo y la empatía... aunque sea en contra de aquellos.
- Mínimas o nulas habilidades personales y de relación. Supongo que por el hecho de sentirse superiores a los demás mortales, no consideran necesario mantener unas mínimas reglas de educación. Y al revés, hay algunos que desarrollan un "falso coleguismo" que los sitúa aún por debajo de los primeros. Sea como sea, las interrelación con ellos puede llegar a ser asfixiante, conflictiva e infructuosa.
Está claro que si un mando intermedio como los que sufrimos debe tener estas características, a mi no me verán nunca en una butaca de piel. Además, ¿qué sería de un general sin su ejército? ¿qué sería de los capitanes sin su infantería? Puros cargos políticos sin objetivo ni meta.