14 febrero 2010


Extracto del artículo aparecido en el blog http://peuma.unblog.fr/ en referencia a la nueva política de Educación del Gobierno de Chile.


Ya sabemos quién será el nuevo ministro de Educación del gobierno de la derecha ¿Tendrá ese nombre alguna relevancia para la enseñanza en nuestro país? ¿o sea quien sea la Educación seguirá bajo [las formas] (…) creadas durante la dictadura (...)?

Se me dirá que es una exageración, que muchas cosas han cambiado en la educación en los últimos 20 años…sí y no. Sí, porque la Reforma significó un cambio curricular importante; o porque la inversión en Educación -y con ella los recursos disponibles- se ha multiplicado varias veces (...). No, porque el carácter mercantil de la educación se ha profundizado y la “privatización”, por la vía que sea, avanza cada día más (...)

Pero mejor esperar a ver en la práctica qué sucede con la Educación bajo el gobierno de Piñera, [con su] Programa de Gobierno (…) De partida su título es ya una declaración de intenciones -Una educación a nivel mundial- que establece un horizonte deseable: llegar a tener una Educación al nivel de la que existe en países desarrollados como Italia y Portugal (…). Su “objetivo es producir un cambio en la cultura escolar (el destacado es mío), evolucionando desde un enfoque de baja exigencia hacia uno de excelencia en el que hay que satisfacer altos estándares, donde se exigen esfuerzos y resultados, incluyendo a los alumnos, lo que generará equidad e igualdad de oportunidades“. Para ello, dice el Programa, se implementarán una serie de políticas destinadas a alcanzar este gran objetivo que podemos desglosar en las siguientes ideas fuerza: cambio en la cultura escolar, excelencia, altos estándares, resultados, equidad e igualdad de oportunidades.

Sin duda que la cultura escolar hoy en día en Chile deja mucho que desear por su alto grado de autoritarismo y rigidez, pero (...) si analizamos la concatenación de estas ideas fuerza antes expuesta, pareciera ser que el enfoque de la cultura escolar se centra primordialmente en alcanzar la excelencia, expresada en altos estándares de rendimiento que manifestarían los esfuerzos a través de resultados, lo que generaría equidad e igualdad de oportunidades, [dejando] fuera muchas otras dimensiones de la cultura escolar tan importantes como aquella, a saber, la formación humana y social, la dimensión relacional, entre otras.

(…) Veamos solo un par de ejemplos dónde puede verse o intuirse claramente la omnipresencia -y omnipotencia- de la evaluación estandarizada, tal como lo expresa el Programa de Educación de Piñera. A partir de los siguientes fragmentos (en cursiva) podemos preguntarnos “cómo” se evaluará o medirá la calidad, logros, resultados, mejoras, etc.

- “Se promoverá una subvención a la calidad que premie a los establecimientos y equipos docentes que se destaquen a nivel país.” ¿Que se destaquen en qué?¿En sus resultados del SIMCE, como se hace hoy para dar la “certificación” de establecimiento de excelencia vía SNED? ¿En los puntajes promedio que alcancen sus egresados en la PSU?

- “Se premiará los cursos que muestren mejoras significativas en el aprendizaje” Nuevamente la pregunta ¿cómo se expresarán y medirán esas mejoras significativas en los aprendizajes? ¿En base al mejoramiento de las notas o al puntaje SIMCE de los estudiantes entre un año y otro?

(…) Todo un tema aparte es lo que se señala respecto a la formación y habilitación docente (...) “Se establecerá un examen no obligatorio de habilitación. Aquellos egresados que no hayan rendido examen de habilitación o que no tengan una buena calificación, y que ingresen a la profesión docente, quedarán facultados para ejercer la carrera sólo en forma condicional y deberán demostrar efectividad en la sala de clase. A medida que vayan superando ciertas metas podrán aspirar a las remuneraciones de quienes obtuvieron buenas calificaciones en los exámenes. Cada tres años deberán verificarse las capacidades docentes en la sala de clases. Este proceso será realizado en forma descentralizada, y sus criterios generales de evaluación serán dirigidos por la Agencia de Calidad de Educación. Los nuevos directores de los establecimientos podrán solicitar el reentrenamiento de los profesores”.

Obviamente todos desearíamos que aquellos/as que ejerzan la docencia y eduquen a nuestros hijos/as sean los y las mejor preparados y competentes en su labor desde todos los puntos de vista, incluyendo el afectivo y social. (…) Señala el carácter “no obligatorio” del examen de habilitación, aunque luego esta no obligatoriedad se relativiza al señalar que quienes no lo rindan solo podrán ejercer la docencia en carácter condicional. Pero ¿qué se pretenderá medir en aquel examen? (...) ¿Qué “competencias” se les exigirán a aquellos recién egresados de la universidad y que aún no han tocado en serio una sala de clases, más allá de sus prácticas?

Y luego ¿a qué se refieren con que “deberán demostrar efectividad en la sala de clases”? (...) ¿se medirá (…) la efectividad del/a docente de acuerdo a las mejoras de sus estudiantes en los resultados de la prueba SIMCE de un año a otro? ¿o en la mejora de sus notas? (...)

Y “a medida que vayan superando ciertas metas” podrán aspirar a ganar lo mismo que aquellos que fueron bien evaluados en el examen. (...)¿cómo se definirán esas metas? ¿En relación a sus mismos progresos? ¿En relación a los progresos de sus estudiantes? ¿Cómo se medirán cualquiera de estos progresos?

Y “deberán verificarse las capacidades docentes en la sala de clases”. (...) ¿Cómo se verificarán las capacidades docentes en la sala? ¿Bajo qué criterios y medidas?

(…) Finalmente, (…) “los directores podrán solicitar el reentrenamiento de los profesores”. ¿Reentrenamiento? Acaso los profesores nos “entrenamos” en vez de formarnos, como buenos futbolistas (...) Ironía aparte, creo que el uso de determinado lenguaje no es un detalle o sutileza sino que expresa una visión de mundo (…)