30 julio 2012

"No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio" Albert Camus

Desde hace algunas semanas voy leyendo algunas noticias (cada vez menos breves, esporádicas y puntuales) entorno al fenómeno del suicidio. Algunas noticias ahondan en el mero espectáculo, como el de aquella persona que primero mata para después quitarse la vida. Muchos estudios se hacen eco de este fenómeno (los más recientes del 2007) pero pocos medios de comunicación explican los casos y se sensibilizan con el tema. Uno de los últimos que se ha conocido es el de Marián, una celadora que se tiró de la 9ª planta del hospital donde trabajaba, tras recibir una alta médica forzosa. Otro más mediático ha sido el de la exconcejala Amaia Egaña, que se tiró de un cuarto piso cuando iba a ser deshauciada. De estos casos, desgraciadamente, han aparecido muchos en los medios de comunicación.

¿Somos conscientes que, debido a la crisis, los índices de suicidio han aumentado exponencialmente? Bien es cierto que la correlación entre ambos factores no está demostrada estadísticamente, como nos informa el Blog de Raskólnikov pero es evidente que la cifra ha aumentado en los últimos meses de forma preocupante. Uno que se ha elaborado sobre la población reclusa estadounidense también señala este aspecto. Otras noticias procedentes de Grecia nos indica que ha aumentado un 37% los suicidios desde el inicio de la crisis y aquí en España ya se empieza a detectar esa correlación.

En la actualidad, ésta es la primera causa externa de defunción en España. ¿Qué papel debemos jugar los agentes sociales respecto a este tema? ¿Sabemos cómo actuar frente a personas que expresan ese deseo? ¿Tenemos las herramientas necesarias para darnos cuenta de las señales que muestran un peligro a corto o medio plazo? ¿Es lo mismo si hablamos de adolescentes que de adultos? ¿Y de hombres y mujeres? Personalmente tengo muy poca información al respecto (por no hablar de la nula formación recibida) y es difícil encontrar mensajes claros sobre el tema en la red. Uno de los más completos es el elaborado por la Junta de Andalucía. Otros materiales proceden de EEUU, siendo a veces difícil la extrapolación a otras realidades.

Se han tenido que disparar mucho las cifras para que el Congreso finalmente, el 6 de noviembre, plantee la la prevención de los suicidios como una tarea urgente. ¿Se concretarán en acciones reales o será un papel más que coja polvo en una estantería? ¿Hay una conciencia clara de las implicaciones de este fenómeno? ¿Se podrá abordar eficazmente esta tendencia al alza cuando hay un pacto de silencio alrededor del suicidio? Algunos profesionales que trabajan directamente con estos casos afirman que "la sociedad busca referencias en forma de personas, de planes y de líderes que sepan salir de esta situación y no los encuentran" (Doctor José Antonio Lozano @Dr_JoseA_Lozano), otros afirman que "el suicidio no es cuestión de valentía o cobardía, es cuestión de desesperación"; otros lo abordan desde el campo de la psiquiatría, mediante lo que se conoce como "autopsia psicológica" y otros destacan estudios donde se determina que los adultos con trastorno mental grave, victimas de abuso sexual infantil, presentan el doble de tentativas. En este sentido, la detección precoz ayuda a reducir los intentos de suicidio en pacientes con psicosisTambién se baraja la influencia de presiones como el bullying, anorexia, desestructuración familiar o ciberbullying.


Ciertamente se detecta un aumento de estudios que inciden en el suicidio desde diferentes puntos de vista, como el que relaciona inmigración y tendencias suicidas en jóvenes, suicidio e internet o el efecto imitación. También se empiezan a tener en cuenta las diferencias culturales, como en China, donde las campesinas se suicidan 3 veces más que las que viven en las ciudades por la inexistencia de redes de asistencia social. En este país, un 50% de los suicidios se comete después de dos horas de consideración y otro 37% tras unos minutos. Y si comparamos su realidad con la nuestra, vemos que en China sólo el 63% de los suicidas sufre enfermedades mentales, mientras que en Occidente la cifra se eleva al 90%. Allí precisamente se han dado cuenta del problema que representa las elevadas cifras de suicidios y por eso proyectan un plan nacional para evitar 50.000 suicidios al año.

Un ejemplo de cómo se pueden incentivar valores que favorecen conductas suicidas en adolescentes se puede apreciar en este vídeo de Informe Semanal. Las cifras hablan por sí mismas...




Y no sólo se habla de suicidio en reportajes de investigación sino que se ha llegado a convertir en el argumento de una novela que indaga en el suicidio como la enfermedad más común del futuro.

Eso me lleva a preguntarme... ¿cómo gestionamos el componente ético del suicidio? Me refiero a nuestra actitud frente a una persona que voluntariamente decide quitarse la vida y que, para ella, tiene motivos más que suficientes. ¿Cómo nos posicionamos? ¿Qué podemos aportarle para que tome la decisión final? ¿Qué sucede después de evitarlo? (si es que lo conseguimos) ¿Lo mejor es que desista de su intención? ¿A qué precio? 

Queridos lectores, la polémica está servida...

P.D: en el listado de comentarios aparecen noticias y enlaces de interés relacionados con el tema. Son artículos y reflexiones recientes aparecidos en redes sociales como Twitter... El visibilizar esta realidad es el primer paso para trabajar en ella.