25 agosto 2009

El lenguaje crea realidades


Un artículo publicado el 21 de agosto de este año me llamó la atención. En él, habla James Hurford, experto en el origen del lenguaje humano y catedrático de Lingüística. Extraigo algunas afirmaciones que creo que merecen ser reflexionadas:

"La gran pregunta para mí es si hablar una determinada lengua te impone también indefectiblemente un modo de ver y entender el mundo..." (...) "Si fuera cierta, un hablante inglés no sería capaz de entender el mundo de los indígenas australianos" (...)

"Yo creo que tu lengua materna condiciona tu modo de ver el mundo, pero no te encierra en ella sin remisión. Podemos superar como individuos ese marco mental que nos impone la lengua colectiva y concebir y entender otros modos de ver el mundo" Pero eso depende, claro está, de la predisposición de la persona a hacerlo y creo que son pocos los que creen en la importancia del lenguaje.

Hace un tiempo, Elisabet, una buena amiga (educadora siempre reflexiva y atenta) me indicó una frase que siempre recordaré: el lenguaje crea realidades. En un principio pensé que el lenguaje era un tema un tanto banal y que, como profesionales de la educación, era un campo que escapaba a nuestra tarea diaria, pero con el tiempo he aprendido que el hecho de escoger una u otra palabra a la hora de relacionarse con los demás, genera un abanico de emociones que influye decisivamente en el estado anímico del otro... y en el de uno propio.

Haciendo un esfuerzo por escuchar y escucharme a mí misma he aprendido que, cuando modificas (aunque sea levemente) unas determinadas palabras por otras, generas cambios en tus relaciones personales, en las reacciones de los otros y en la vivencia que haces de tu cotidianidad. El etiquetaje que solemos realizar desde los diferentes campos de la acción social es un claro ejemplo de ello; les condiciona a ellos en su autoconcepto pero también marca nuestra labor educativa. Yo misma firmo algunos mails o notas profesionales (en tono humorístico) como la Eduka Tóxika (atiendo a internos con problemas de drogodependencia)... pero también soy de la opinión que debemos situar al lenguaje (como tantas y tantas cosas) en un contexto y importancia adecuados; no podemos ser esclavos de él ni pensar que mueve montañas, potencia cambios drásticos en la vida o soluciona problemas fuertemente arraigados. Digamos que se trata de un elemento más a tener en cuenta en nuestro quehacer profesional cotidiano. Uno más...

Está claro que deberé aplicarme el cuento y predicar con el ejemplo...