14 enero 2010

Banalizar una muerte

Justo antes de las fiestas navideñas un interno murió por sobredosis en su celda. Está claro que no es nada nuevo pero el comportamiento humano no deja nunca de sorprenderme. Me explico:

Llegué al centro una fría mañana de diciembre y, entrando en nuestro módulo de residencia (donde se ubican los internos), el psicólogo y yo preguntamos a los compañeros de vigilancia si había alguna novedad. Generalmente nos informan de una salida al hospital para hacer alguna prueba, quizás alguna sospecha de consumo de drogas... o simplemente un "sin novedad". Esta vez el compañero cogió el libro de incidencias desconociendo lo que allí ponía (su turno había empezado hacía menos de media hora) y leyó sin alterarse: "en la mañana de hoy, sobre las 8.15 horas, se recibe la visita de la funeraria". ¿Funeraria? preguntamos el psicólogo y yo a la vez. "Sí, debe ser que alguien ha muerto". El tono de voz era inalterable, tranquilo, carente de toda afectación... hasta el punto que mi compañero de fatigas y yo pensamos que era una macabra broma.

Al seguir leyendo nos enteramos del nombre de la víctima: un hombre de mediana edad, taciturno, que pasaba desapercibido a ojos de todos. Gozaba de permisos de salida y no le quedaba mucho para gozar de la deseada semilibertad.

Al subir al despacho y comentarlo con el resto de compañeros, decidimos bajar todos para dar un toque de atención al resto de internos. No se puede consentir un hecho como éste en un módulo donde se lleva a cabo un programa de deshabituación de las drogodependencias. Los miembros del equipo estamos incómodos con la situación y creemos que el sentimiento debe ser compartido por el resto de compañeros del fallecido...



Nos equivocábamos. La respuesta fue fría, distante, desapegada... casi tanto como la del funcionario. "Era una persona que apenas se relacionaba", "casi nadie sabía mucho de su vida", "esas cosas pasan, no sé de qué os sorprende"... y otras frases afines. Realmente nos quedamos sorprendidos de la ausencia de emocionalidad en una situación como ésta, ¡hasta del propio compañero de celda!. No se plantearon en ningún momento que algo así le pueda suceder a cualquiera de ellos, que se trataba de un igual, que una persona de su entorno más cercano había fallecido, que detrás podía haber una familia...

Tengo claro que cuando trabajas en determinados ámbitos, hay circunstancias que relativizas un poco, hecho que te ayuda a seguir adelante y sobrellevar ciertas situaciones pero llegar a ese punto de fría reacción me preocupa. Es evidente que ciertas muertes te afectan más que otras pero no deja de ser un hecho lo suficientemente relevante como para que despierte en uno algún tipo de sentimiento... ¿o no? ¿Hasta qué punto es aceptable que nos distanciemos de la realidad y actuemos como autómatas? ¿No será que lentamente nos vamos inmunizando contra todo lo que nos puede doler / afectar / influir negativamente? ¿Eso no es peligroso cuando se trata de tratar con personas, cuando están a nuestro cargo, cuando tenemos una responsabilidad hacia ellos?

Sólo espero que no llegue el día en que me oiga decir: "fulanito se ha tirado de un puente; era de esperar... ¿qué hay hoy para comer?"