21 enero 2010

La importancia de los buenos colegas


Siempre solemos quejarnos de la gente que nos perjudica, altera o desagrada... sobre todo aquella que nos cae más cerca. Pero en pocas ocasiones nos dedicamos a valorar a aquellos individuos que nos ayudan, en el día a día, a salir de los atolladeros que la propia vida te pone.

Actualmente, la experiencia que se está viviendo en el centro donde trabajo, no es la más deseable. Los jefes que deben dar ejemplo, orientar, dirigir y motivar son los que menos ejemplo dan, los que más desorientan, despistan y desmotivan de todos. Algunos de nosotros estamos experimentando una sensación de desánimo y desaliento que no ayuda en nuestra tarea profesional.


Pero llega el día en que nos reunimos un grupo de entusiastas de nuestro trabajo, que compartimos intereses, proyectos, ideas, reflexiones... y miramos de organizar la jornada de educadores que se lleva a cabo cada año. Ese día aprovechamos para reunirnos, reír, comer en un buen restaurante, compartir desánimos, anécdotas y, por qué no decirlo, preocupaciones.

El último encuentro se produjo ayer y quisiera, desde aquí, homenajear a los compañeros de causa, que hicieron de este encuentro una especie de catarsi colectiva donde se pudo exponer los miedos, decepciones y alegrías de un mundo profesional marcado por las vivencias emocionales. Está claro que nadie tiene la varita mágica que solucione los problemas y ninguno de nosotros pretende ofrecer, ni tan sólo, alternativas viables, pero sólo por el hecho de sentirse acompañado, querido y apoyado, merece la pena destacarlo.

No podemos escoger a nuestros superiores, ni a nuestros usuarios... pero podemos rodearnos de personas que nos alimenten intelectualmente, que nos despierten la curiosidad, que nos animen en los momentos bajos y que nos corrijan cuando no estemos en lo cierto.

Y eso es precisamente lo que el denominado Equipo Redes lleva a cabo jornada tras jornada. A todos y todas ellos y ellas... muchas gracias.