08 febrero 2012

Tomando un café con una educadora X

Post elaborado por Educadora X 
Trabaja en un Centro de Reeducación de Menores 
Estudia el Grado de Psicología 
En twitter es @AfricaAbril
Su blog http://educacionsocialamg.blogspot.com 


El Blog de Montserrat ha llamado a mi puerta y yo le invito a pasar. Me imagino a Montserrat sentada en el salón de mi casa tomándonos un café con leche y conversando sobre nuestra profesión. Ha venido a escucharme y yo le cuento:

“Así que quieres que te cuente mi experiencia como educadora social… Para empezar te diré que no es fácil describir una experiencia socioeducativa donde me quedan todavía muchas cosas por descubrir. No me considero una gran profesional, sino más bien una aprendiza. Me he dedicado a muchas cosas en mi vida y este trabajo lo vengo desarrollando desde hace tan sólo tres años. El trabajo que hemos de desarrollar los educadores y educadoras que trabajamos con menores que han de cumplir medidas judiciales es muy complicado. Se mezclan muchas emociones y también dudas. También mucha ilusión y buenos deseos. Emociones que se van despertando al conocer la educación que han recibido estos niños y niñas, junto con las experiencias que les ha tocado vivir, y que realmente no merecen, pero que ocurre por todas las injusticias que tienen lugar en la sociedad. Y todas estas experiencias que ellos viven verdaderamente les marcan, casi siempre, para toda la vida y que hasta que no conocen otras experiencias, no empiezan a despertar, para así poder proyectar una vida mejor, más digna y sin etiquetas estigmatizadoras.

Mi vida laboral comienza a los 15 años. Me dejé los estudios como aquella adolescente, que sin libros en su casa (a mi madre le enseñé yo a leer y escribir) y con la imposibilidad de comprarme unos vaqueros Levi,s Etiqueta Roja, me vi motivada a trabajar. A los 18 años me di cuenta que me estaban explotando. No quería seguir toda mi vida detrás de ese mostrador que vendía un producto que detestaba: el oro. Me volví a matricular para terminar el BUP, lo que ahora es la ESO, y estaba movida a estudiar Enfermería. Cambié de trabajo y también estudiaba. También disfrutaba mucho con mis amigos y amigas de aquella época, algunos todavía los conservo. Antes de terminar el BUP también estudié FP Rama Sanitaria, y pronto pude trabajar como Auxiliar de Enfermería, dentro de un contexto de planificación familiar, en una clínica donde se practican interrupciones voluntarias de embarazo, y más tarde en un área de Maternidad, atendiendo partos. En esa época llegó el amor y gracias a él cambié de nuevo de trabajo, un trabajo que me ha posibilitado conocer mundo: América Latina y el Norte de África. Trabajé en una ONG durante cinco años, una gran experiencia de la que he aprendido muchas cosas de las que ahora soy, y que ha podido alimentar parte de mi vocación. Más tarde el amor se rompió y volví a cambiar de trabajo. Tenía un hijo de 3 años, un trabajo fijo, pero que no tenía que ver conmigo, salvo en pequeñas cosas que yo me iba construyendo. Entonces volví a retomar mis estudios para llenar mi vocación, y con la edad de 36 años me matriculé en la universidad para estudiar Educación Social. Entonces me despidieron de aquel trabajo (donde pude conocer  a algunos políticos valencianos y pequeños hilos de la corrupción que hoy sale a la luz) y estuve dos años parada, pero sin parar de trabajar y estudiar por mí cuenta. 

Me preparé un proyecto educativo para trabajar en las escuelas públicas, llamado “Un Joc per a Cada Día” dentro de un programa de actividades extraescolares, coordinando todo el programa durante dos años. Pero la prestación por desempleo se acaba y este proyecto no me proporciona el sustento necesario, así que me vuelvo abrir al mercado laboral. Pronto doy con una educadora que trabaja en un centro de reeducación de menores, que al contarle mi situación, me pide mi currículum. Al día siguiente me veo trabajando en el centro donde todavía hoy continúo. 

¿Y qué decir de mi trabajo con los menores en este centro? Pues que son ellos los que me enseñan. Muchos de ellos de América Latina y el Norte de África, ese mundo que yo conocí en mi trabajo de cooperación internacional. Pero también me enseñan mis compañeros y compañeras, tanto los grandes profesionales, como los que no lo son tanto.

Más de cuarenta educadores con diferentes titulaciones, pero realizando las mismas funciones por el momento, trabajamos en este centro. Un centro joven que lleva menos de cuatro años en activo, y un centro que apuesta por la innovación. Por el momento estamos trabajando para eliminar acciones como sanciones o correcciones educativas, y transformar la acción sancionadora por tareas educativas, según las necesidades específicas de cada menor. Por lo tanto, cambios continuos, mucho trabajo, mucha responsabilidad. Las herramientas que más me ayudan son el sentido del humor, el juego, las ganas de aprender de mis compañeros, y la confianza y afecto hacia los menores. Son ellos los que te buscan, son ellos los que tienen la llave de su vida. Nosotros sólo somos un punto en el que se pueden apoyar, y nosotros hemos de aprender con cada uno de ellos a guiarles en la dirección correcta, con las motivaciones y estímulos oportunos. Y Montserrat, te podría contar muchas aventuras, pero eso lo dejamos para otro café con leche o un gin tonic, algún día de estos.

Invito desde aquí a que todos y todas tengamos presentes el código deontológico del educador social. Imprescindible.