23 mayo 2009

LOS LISTILLOS... Y LAS LISTILLAS


Supongo que todos nosotros nos encontramos en nuestra práctica profesional al típico y típica educador/a que va de listo/a. Si viéramos un documental sobre animales, podríamos decir que se trata de un ejemplar que vive inmerso en una comunidad de iguales, que acecha en cualquier momento, en cualquier circunstancia para obtener lo que quiere: ascender. No siempre se trata de ascensos laborales propiamente dichos sino de imagen, prestigio, opinión sobre ellos... Hay algunos (y muuuuchas algunas) que tienen gracia, salero, desparpajo (que diría Pajares) a la hora de engatusar a los otros pero en cambio hay algunos que deberían apuntarse a un curso CCC titulado "Cómo aparecer como el más listo y no morir en el intento".


Personalmente tengo el dudoso honor de conocer a uno de estos ejemplares. En pocos meses ha pasado de ocupar plaza (siempre como interina) en un centro penitenciario pequeño a codearse con la cream de la cream de los jefes de medio pelo. Su discurso es grandilocuente, pseudo-profesional y egocéntrico; cierto es que no pasa desapercibida a expertos observadores pero hasta que su incapacidad manifiesta para el trabajo profesional no se ponga en evidencia, saca de quicio a quienes debemos coincidir con ella.


Otro de los elementos que delata a estos ejemplares es la errática capacidad para opinar de cualquier cosa que se le plantee. Da igual si hablamos de nuevas tecnologías aplicadas a la gestión del conocimiento, de educación afectiva, de programas de violencia doméstica, de la necesidad de trabajar la educación intercultural en los centros o de la importancia de abordar la inteligencia emocional como profesionales de lo social. Estoy convencida que, de darse el caso, opinaría sobre la crisis económica, la extinción del lince ibérico, el proceso de refinación del petróleo y hasta de la exacta ubicación del temido Bin Laden. Todo con el objetivo de quedar como la educadora mejor formada e informada que existe sobre la capa de la tierra.


Entre algunos amigos y amigas compañeros de vicisitudes nos hemos planteado algunas medidas un tanto drásticas. Todas ellas, cabe decir, pasan por el paso a una mejor vida (si es que eso es posible en su caso) pero voces críticas (¡vaya con la ética!) opinan que no es educativo hacer tragar un par de ordenadores Pentium II con el equipo completo para asegurarnos que accede a las TIC 2.0. Hay algunos que con tal de chafarnos la diversión son capaces de todo.


Imagino que, como profesionales al servicio de las personas, debemos aceptar, tragar y asumir que este tipo de educadores/as existen en nuestro entorno pero... ¡qué bien viviríamos sin ellos!